lunes, 24 de febrero de 2014

ÚLTIMO LUNES DEL MES ...

MEMBRETE 2014 MARISA

¡¡¡Hola a todos!!! Ayer no tuvimos Dominical. Mary Rec no pudo prepararlo por problemas de salud. Le deseamos una pronta recuperación. ¡¡¡Cuídate, guapa y que no sea nada!!!

Como sabéis, hoy es lunes y hay dos formas de encarar este día ...

La pesimista ...


... y la optimista  ...


Yo prefiero quedarme siempre con el vaso medio lleno. Por eso pienso que ...



Este fin de semana he estado en Teruel, disfrutando de sus fiestas. En concreto, de la que se conoce como "Las bodas de Isabel de Segura". Me ha gustado mucho, así que quiero que la conozcáis. Si algun día podeis pasaros por allí cuando se celebran, una recomendación: No os las perdáis.
El origen de la fiesta

"Las Bodas de Isabel de Segura" se celebran durante el tercer fin de semana de febrero. De jueves a domingo miles de turolenses reviven el ambiente medieval de Teruel en el siglo XIII, con la participación o asistencia de todos sus habitantes a los actos que se celebran en calles y plazas: mercadillos medievales,teatro,música,bailes, exposiciones,actos culturales,actividades lúdicas… y escenificaciones de leyendas e historias de la sociedad turolense del siglo XIII, entre las que sobresale la historia de ‘Los Amantes de Teruel’, representada por toda la ciudad a lo largo de los cuatro días festivos. Cualquier turolense tiene asumido que con el otoño empiezan los preparativos de los días medievales.

Pero… ¿De quién surgió la idea?. ¿Cuándo nació la fiesta? La genial idea surgió de Raquel Esteban, una turolense licenciada en Bellas Artes y Danza por la Universidad y la Escuela Superior de Arte Dramático de Valencia, respectivamente. Es también una gran investigadora de la vestimenta, costumbres sociales, música y danza del medievo cristiano-musulmán, principalmente de los siglos XI-XIII. Ha diseñado multitud de trajes de época basándose en serios y rigurosos estudios documentados, y ha montando, también diversas coreografías de danza medieval. Tras regresar a su ciudad natal (Teruel), pudo comprobar que la ciudad estaba un tanto adormecida y abandonada culturalmente. Fue tal la desilusión que pensó que había que hacer algo para que Teruel despertase, pues recursos no le faltaban, pero había que saberlos aprovechar. 
Según la propia Raquel, la idea le surgió al releer los versos del Poema de Mío Cid referidos a las fiestas que se celebraron con motivo de las bodas de las hijas del Campeador. Fue entonces cuando pensó que en Teruel también se podía conmemorar algo semejante ya que la ciudad reunía y reúne los requisitos necesarios: un casco antiguo muy apropiado como escenario de una ciudad medieval y una tradición histórica, la de los Amantes de Teruel.
  
La idea ya estaba forjada, pero para llevarla a término era necesario conseguir la aprobación correspondiente e implicar a muchas personas,colectivos y estamentos sociales. Así que, armada de valor, expuso su idea a autoridades y demás estamentos turolenses, y tras conseguir la aprobación, en el año 1997, implicó a grupos de teatro, bandas de tambores, centros docentes, asociaciones culturales de todo tipo, colectivos y público en general en la representación y ambientación con el fin de revivir entre todos, durante un fin de semana, el Teruel de Los Amantes. La andadura había comenzado y los escenarios iban a ser los mismos lugares que vieron y vivieron los trágicos amores de Diego de Marcilla e Isabel de Segura allá por el año 1217.

Para tan apresurada fiesta apenas había unas docenas de trajes de época incluyendo los de la colección “Qalin Tirwal”, serie diseñada por la propia Raquel Esteban, que bajo su dirección fue elaborada por la Asociación de Amas de Casa de Báguena. Se creó el grupo de danza medieval “Albishara”, y en un tiempo record se montó la fiesta. Para la parte central de la representación se ofreció el grupo teatral de la ciudad “Espantanublos”; el resto de papeles fueron interpretados por el grupo de teatro del instituto Francés de Aranda.





Y por fin la fiesta tomó cuerpo durante los días 13,14,15 y 16 del año 1997: En la catedral de Teruel contraían matrimonio Juan Bautista Segarra (Azagra) y Mª Carmen Mur (Isabel). Sus séquitos correspondientes iban ataviados con trajes medievales. La plaza del Torico, engalanada,ofrecía al público un mercado medieval,danzas y actividades muy variadas. Entre tanto Diego de Marcilla, a caballo y a galope tendido, llegaba a Teruel por el camino de la Andaquilla…
A pesar de las premuras y de los escasos recursos, por ser la primera vez, la fiesta resultó ser un gran éxito y, lo más importante de todo, dejó perplejos a turolenses y visitantes, que por cierto gozaron también de un tiempo agradable, cosa inusual por estas fechas.

Con el paso de los años la fiesta ha mejorado muchísimo, ha pasado a ser la segunda fiesta mayor de Teruel y ya es tan popular y conocida en toda España que figura en todas las guías turísticas como el segundo evento más importante de la ciudad de Teruel.



Historia de los Amantes


Sucedió en el año 1217: En un edificio a mitad de lo que hoy es la calle de los Amantes, vivía don Martín de Marcilla, descendiente de don Blasco de Marcilla, uno de los audaces capitanes que en 1171, con el permiso del rey Alfonso II conquistó la villa de Teruel a los musulmanes.
Don Martín estaba casado con doña Constanza Pérez Tizón y del matrimonio nacieron tres hijos: don Sancho, don Diego y don Pedro.
La familia Marcilla era muy importante en el Teruel de aquel entonces, pues el propio don Martín de Marcilla desempeñó el cargo de Juez de Teruel durante los años 1192 y 1193.
La familia poseía una gran hacienda, pero en 1208 quedó empobrecida a causa de una terrible plaga de langosta que asoló la comarca de Teruel.
Muy próxima a la casa de los Marcilla, en lo que siempre se le ha conocido como el edificio de Sindicatos, vivía la familia de don Pedro de Segura que, aunque de menos linaje y nobleza que los Marcilla, había prosperado más por su dedicación al comercio, llegando a ser una de las familias más ricas de Teruel.
El matrimonio Segura tenía una hermosa hija, Isabel de Segura, con la que Diego de Marcilla jugó desde niño y entabló una gran amistad durante su adolescencia.
Con el transcurso del tiempo y casi sin darse cuenta, los juegos y la amistad se fueron transformando en un juego de amor. Y por fin llegó el día en que Diego, sintiéndose plenamente enamorado de Isabel, le declaró su amor y su ardiente deseo de tenerla por compañera por toda la eternidad. Isabel, que compartía tales sentimientos, aceptó la proposición y ambos comenzaron a imaginar planes maravillosos sin que nada se interpusiera en su camino por el momento.
Así, enamorados, y de mutuo acuerdo, llegó el momento en que Diego, confiado y esperanzado, consideró que había llegado el momento de proponer sus pretensiones al padre de Isabel.
Don Pedro, ante tal proposición sopesó las ventajas e inconvenientes del enlace, y comprendiendo que económicamente no le beneficiaba la alianza de su hija con el segundón de los Marcilla, se negó rotundamente, anteponiendo la riqueza a la nobleza y el interés material al amor desinteresado y puro.
El duro golpe y el menosprecio recibido por Diego truncó todas sus alegrías y esperanzas, pasando de la felicidad más pura a la desesperación extrema.


Comprendiendo que era imposible la terquedad del que podía haber sido su suegro y que el único camino que había para conseguir a su amada era enriquecerse, decidió partir en busca de riquezas, luchando en la guerra contra el infiel. Y así se lo hizo saber a Isabel: “Volveré un día a Teruel cargado de gloria para conseguir tu mano, o bien moriré como buen vasallo en la lucha”.
Llegado el momento de partir, Isabel, con gran amargura, le confesó sus miedos al peligro, a la soledad, a la tristeza y a la ausencia de noticias de él.
Comprendiendo Diego que el sacrificio de su amada era injusto si él moría en el campo de batalla, le propuso establecer un plazo de espera de cinco años durante el cual ambos se guardarían fidelidad mutua. Transcurrido este periodo, Isabel podría desposarse libremente.
La despedida se produjo en la primavera del año 1212, año en que Diego de Marcilla se dirigió a Zaragoza para unirse al ejército del rey de Aragón don Pedro II y comenzar así su calvario. Entre tanto, triste y sola se quedaba Isabel en Teruel, oteando día tras día los lejanos horizontes.
Los días fueron pasando, las esperanzas se perdían e Isabel desvanecía cual flor marchita; ni siquiera los regalos de su padre para levantarle el ánimo le alegraban el espíritu. Y bien que se preocupaba de saber de Diego mediante las gentes venidas de Castilla a las cuales escuchaba con ansiedad sus relatos, pero era inútil, pues nadie sabía darle razón de él. Imaginando lo peor, ya no preguntaba a combatientes regresados ni a viajeros y mercaderes, sólo rezaba por él en Santa María de Mediavilla, San Pedro o el Salvador.
Así transcurrieron los días y los años, hasta que un día su padre tomó la determinación de obligarla a aceptar los galanteos de don Pedro de Azagra, un turolense rico e ilustre (descendiente de los Señores de Azagra, de Albarracín) muy del agrado del padre. Habían pasado ya cuatro años y tal era la insistencia del padre, que Isabel aceptó el deseo paterno, pero con la condición de que lo cumpliría tras agotarse el plazo de espera que había pactado con Diego. 
Por fin llegó la boda, y se celebró el mismo día en que se cumplían los cinco años, y justo el día en que Diego regresaba victorioso y habiendo conseguido la fortuna deseada. Era ya pasada la media tarde cuando Diego subía a galope tendido por la cuesta de la Andaquilla. Tras cruzar el portal de Daroca se dirigió a casa de los Segura con intención de ver a Isabel. Al llegar a la casa de su amada, quedó perplejo al ver tanta gente y semejante ambiente festivo. Preguntando a un grupo de jóvenes descubrió que se trataba de la boda de Isabel de Segura.
Amargura, dolor, rabia y pena... es lo que sintió en aquel momento, pero aunque resentido ante tal ingratitud decidió entrar para entrevistarse con Isabel y comprobar la veracidad de los hechos. 
Se adentró en salas y estancias hasta encontrar a su amada. Ella al verle lo miró y tras leer en su mirada la acusación y el reproche, cayó desvanecida. Ya recuperada, pidió permiso a los presentes para retirarse a solas por unos momentos. Él la siguió disimuladamente hasta la alcoba nupcial y allí intercambiaron mutuos reproches. Diego le prometió marcharse para siempre de Teruel, a cambio lo único que le pidió fue un beso de despedida. Pero fue un beso que Isabel, fiel a su matrimonio, le negó por tres veces. Ante tal crueldad, Diego cayó muerto a los pies de Isabel.


Aterrorizada y sobrecogida ante aquella muerte repentina, quedó inmóvil sin saber qué hacer. Al momento reaccionó, se acercó a Diego e intentó reanimarlo, pensando que bien podía tratarse de un desvanecimiento, pero fue inútil: Diego acababa de morir. Dada la tardanza de Isabel, su marido fue a buscarla. Al entrar en la estancia, quedó atónito al ver el cadáver. Al reconocer el difunto consideró que no era conveniente que los invitados se percatasen del suceso, así que organizó su plan: cuando los invitados ya se habían marchado y la quietud y las sombras de la noche invadían la villa, tomó el cuerpo de Diego, lo sacó de casa de los Segura y lo dejó abandonado en un callejón cerca de la casa de los Marcilla, cual si de un invitado poseido por el alcohol se tratase.
Al amanecer el nuevo día, los Marcilla volvían a ver a su hijo tras cinco años de ausencia, pero… sin vida. En casa de los Segura nadie daba crédito a lo sucedido, pues bien se encargaron Isabel y su marido de guardar silencio. Entre tanto, Teruel, vestido de luto, acudía a expresar su condolencia a los Marcilla. Don Martín resolvió celebrar los funerales de su hijo en la iglesia de San Pedro.
Isabel, presa de los remordimientos y agobiada por la angustia, tomó un manto, cubrió su rostro para no ser reconocida y se sumó a la comitiva. Al llegar a la iglesia, tras clavar la mirada en el cadáver de su amado, atravesó la nave y, deseosa de reparar el mal causado, se dispuso a dar a Diego el beso que le negó en vida. Inclinándose sobre él, le proporcionó un beso intenso, su primer y último beso, pues con él acababa de exhalar en ese mismo instante su último aliento vital, toda vez que quedaba unida para siempre al hombre a quien tanto había amado y a quien no había podido unirse en vida.
Las personas más próximas intentaron apartarla creyéndola desmayada sobre el difunto, pero fue inútil, y mayor fue la sorpresa al comprobar que se trataba de Isabel de Segura.
Por indicación expresa de algún pariente respetado, se acordó enterrarlos juntos en la misma sepultura. Y así se hizo, se les dio sepultura en la capilla de San Cosme y San Damián de la Iglesia de San Pedro, donde en 1555 fueron halladas sus momias junto con un documento que atestiguaba el suceso.
Y esta es la sencilla y tierna historia de los Amantes de Teruel. Sus momias podemos visitarlas actualmente en el nuevo Mausoleo de Los Amantes, inaugurado en el año 2005, junto a la Iglesia de San Pedro.


La leyenda de Los Amantes de Teruel ha sido reescrita más de 20 veces por prestigiosas plumas que la han llevado a la poesía, a la novela y al teatro. El maestro Tomás Bretón inspirándose en la obra de Harzenbush la elevó a la dignidad de la ópera. Con libreto del propio Tomás Bretón y dividida en cinco actos, se estrenó en el Teatro Real de Madrid el 12 de febrero de 1889.

Fue adaptada al teatro por Rey de Artieda (1584), vertida en poema por Jerónimo de Huerta (1588) y en epopeya trágica por Juan Yagüe de Salas (1616), e inspiró la obra homónima de Juan Pérez de Montalbán(1638). La versión más célebre es el drama histórico de Juan Eugenio Hartzenbusch, escrito en 1836 y estrenado en 1837.

Espero que os haya gustado la entrada de hoy. Me despido hasta el sábado que, por cierto, habrá muchas fiestas de Carnaval de toda España.

Ah, se me olvidaba. Ayer, domingo 23, por ser el último domingo de febrero, ya comenzaron las Fallas en Valencia, pues hubo "despertá", mascletá", "crida" ... Pero ya explicaremos todo eso otro día. Ahora solo os pido que disfrutéis de la semana en positivo.